La depresión en la vejez ha emergido como un tema de suma relevancia en Chile, especialmente con el reciente informe del Departamento de Estadísticas e Información de Salud (DEIS), que revela que entre 2024 y el presente año, 993 adultos mayores se han suicidado. Esta cifra alarmante, que representa el 19,21% de los suicidios en el país, ha suscitado un llamado de atención sobre la salud mental de este grupo etario. Como bien señala Ignacia Canales, el vacío que dejan los hijos al formar sus propias familias y la pérdida de seres queridos contribuyen a una vida más solitaria para muchos mayores, un factor que puede llevar a episodios de desánimo y tristeza.
Los datos señalan que la mayoría de los suicidios en personas mayores de 60 años corresponden a hombres, quienes representan el 88,1% de los casos, dejando solo un 11,9% a mujeres. Esta disparidad de género en las estadísticas destaca una brecha en la atención sanitaria, ya que tradicionalmente, los hombres no acceden a los servicios de salud con la misma frecuencia que las mujeres, a pesar de ser más vulnerables a la depresión en esta etapa de sus vidas. Danilo Quiroz, director del Programa de Formación de Posgrado en Psiquiatría de Adultos, enfatiza la necesidad de que el sistema de salud esté preparado para detectar los signos de depresión y suicidio en este grupo etario.
El rango etario más afectado, según los datos de la cartera sanitaria, es el de 60 a 69 años, con 489 muertes, seguido de los de 70 a 79 años con 308 y los mayores de 80 años con 196 casos. Esta tendencia plantea la imperiosa necesidad de redoblar los esfuerzos en la prevención del suicidio, así como en la atención emocional y psicológica de las personas mayores. La sicóloga María José Gálvez advierte que la tristeza en la vejez no debe ser considerada como una normalidad, y se debe hacer un esfuerzo consciente para desmitificar teorías obsoletas sobre el envejecimiento y la desvinculación social.
Para abordar esta problemática, Gálvez sugiere una combinación de medidas preventivas, entre las que se destacan la creación de servicios sociales y de salud accesibles. La frustración que experimentan muchos adultos mayores al tener que esperar atención puede agravar su estado emocional. Además, la promoción de actividades físicas, el acceso a espacios verdes y la participación en la cultura son factores protectores que pueden mejorar la salud mental. El fomento del deporte y de la interacción social es crucial, pues estas experiencias enriquecen la vida de los mayores y los ayudan a mantener un sentido de pertenencia.
Finalmente, la familia juega un papel fundamental en la salud mental de los adultos mayores. Debe ser un núcleo de apoyo que se preste atención a cualquier cambio en el comportamiento o estado emocional de sus miembros. El Ministerio de Salud ha dispuesto recursos, como el número telefónico 4141, para quienes enfrentan pensamientos suicidas, tanto propios como ajenos. Es vital que los adultos mayores sepan que no están solos y que existen servicios de apoyo disponibles para ayudarles en momentos difíciles, lo cual puede ser un elemento determinante para prevenir el suicidio en esta población vulnerable.







