La Universidad de Chile volvió a dejar una imagen preocupante tras su empate 1-1 ante Universidad de Concepción, en un partido jugado en el Estadio Nacional que dejó a los hinchas con más dudas que certezas. A pesar de tener una posesión del balón del 68%, el equipo dirigido por Francisco Meneghini no logró concretar ese dominio en oportunidades claras, un problema recurrente que ha lamentado la hinchada azul durante toda la temporada. Para colmo, la expulsión de Marcelo Díaz en el tiempo añadido, sumada a un fútbol poco incisivo, aumentó la presión sobre el técnico.
Desde el inicio del encuentro, la U tomó la iniciativa y generó una serie de aproximaciones que dieron fe de su control del partido. Sin embargo, la falta de claridad en el último tercio fue evidente y, aunque los dirigidos por Meneghini se esforzaron por mantener la posesión, sus intentos de ataque se diluían ante la solidaria defensa visitante. En el primer tiempo, Eduardo Vargas tuvo la oportunidad de abrir el marcador en el minuto 11, pero el arquero Santiago Silva logró despejar su potente cabezazo, demostrando la resistencia del Campanil.
La situación daba la impresión de que la U estaba en control, pero un giro inesperado llegó en el minuto 38. Universitario de Concepción se adelantó en el marcador cuando Daniel Barrea, tras un rebote mal administrado por el arquero Castellón, marcó de cabeza. Este gol evidenció falencias defensivas que han sido críticas en gran parte de la temporada, preocupando a los seguidores del club. La salida del mediocampista Charles Aránguiz por lesión antes del gol de Barrea también fue un duro golpe que afectó la estabilidad del juego del equipo local.
El segundo tiempo fue testigo de una reacción enérgica de los azules, que lograron empatar gracias a un buen centro de Fabián Hormazábal, el cual fue conectado por Vargas con un cabezazo que dejó sin opciones al portero Silva. Sin embargo, el equipo no pudo mantener la presión constante y, aun generando varias llegadas, no logró capitalizar esas oportunidades. La reacción fue insuficiente para transformar el empate en una victoria, dejando a la universidad en el duodécimo puesto de la tabla.
El final del partido dejó una sensación agridulce en los aficionados. A pesar de la mejora en el segundo tiempo, los errores defensivos y la falta de definición en los últimos metros pesaron más que las intenciones ofensivas. La U necesitaba urgentemente la victoria para despejar los nubarrones que amenazan el cargo de Meneghini, pero el empate se traduce en más interrogantes sobre el futuro del equipo. Con poco tiempo para trabajar en la crisis de resultados que afecta a su escuadra, se necesitan respuestas inmediatas para recuperar la confianza de una afición que parece perder la paciencia.







