El senador **Miguel Ángel Calisto** (Independiente) se encuentra en el ojo del huracán tras las acusaciones en su contra por supuestas irregularidades en el uso de fondos públicos. A pesar de que su defensa ante el Ministerio Público fue presentada hace más de dos años, su situación ha cobrado mayor relevancia tras las confesiones de sus excolaboradores, incluyendo a **Carla Graf**, la educadora diferencial que contrató como asesora. Según la fiscalía, Graf no realizó actividades que justificaran su salario, lo que lleva a Calisto a ser responsabilizado de desfalco en detrimento de las arcas fiscales. Este caso ha destapado una serie de acusaciones que parecen tener raíces más profundas en la gestión y en las relaciones personales del senador.
Durante su declaración, Calisto intentó justificar la elección de Graf, asegurando que su relación con ella era significativa no solo porque era la esposa de uno de sus colaboradores, **Roland Cárcamo**, sino también por sus capacidades. «Carla es una mujer muy ágil, muy inteligente», afirmó, tratando de establecer que su consejo era clave en sus decisiones políticas. Sin embargo, las contradicciones surgen al comparar su testimonio con el de Graf, quien, aunque inicialmente se limitó a señalar su función en la agenda, después corroboró lo que los investigadores sugieren: que su rol en realidad era una fachada para justificar una apropiación indebida de fondos.
Las múltiples transferencias entre Calisto y sus colaboradores fueron defendidas por él mismo como actos convencionales entre personas de confianza. Aseguró que parte de estos tratos correspondían a préstamos habituales dentro de su círculo cercano. Sin embargo, estas explicaciones fueron cuestionadas por el fiscal regional de Aysén, **Hernán Libedinsky**, quien evalúa el contexto de una supuesta guerra interna dentro de la Democracia Cristiana, partido al que pertenecía Calisto antes de ser considerado un paria. La implicación de que esta denuncia podría haber sido parte de una estrategia para frenar su reelección se añade a la complejidad del caso.
A medida que la investigación avanza, los testimonios de Graf, su esposo Cárcamo y otros colaboradores van formando un rompecabezas que enfrenta a Calisto con su propia versión de los hechos. Si bien el senador sostiene que Graf desempeñaba un papel estratégico vital, sus informes no parecen respaldar completamente esa narrativa. Se observa que el senador busca delinear su relación como una asociación de asesoramiento integral, pero las anomalías en la justificación de su contratación son cada vez más notorias.
Finalmente, Calisto defiende que su interacción con Graf iba más allá de lo que podría parecer a simple vista. Afirmó que su asesoría era clave para dirigir su imagen política y que su trabajo no se limitaba a las tareas convencionales de un asesor. Sin embargo, la naturaleza nebulosa de las interacciones y la falta de documentación que respalde sus afirmaciones están comenzando a jugar en su contra. Mientras las autoridades continúan investigando, el futuro político de Calisto y la transparencia de su gestión sigue siendo incierto.







