Una nueva estimación del grosor de la corteza de hielo de Europa, uno de los satélites más intrigantes de Júpiter, ha captado la atención de la comunidad científica. Según un análisis reciente, la corteza de hielo podría tener un espesor de aproximadamente 29±10 kilómetros, colocándola en la parte superior de las estimaciones previas que oscilaban entre pocos y más de treinta kilómetros. Este descubrimiento, resultado de los datos recabados por el radiómetro de microondas (MWR) de la sonda Juno, sugiere que el océano subterráneo que se cree alberga Europa podría estar más aislado del espacio exterior de lo que inicialmente se pensaba, planteando nuevas interrogantes sobre su habitabilidad.
La misión Juno, que llegó al sistema joviano en 2016 con el objetivo principal de estudiar Júpiter, ha proporcionado información valiosa sobre Europa a través de un sobrevuelo cercano. Aunque el enfoque de la misión no incluía las lunas heladas, el MWR fue adaptado para analizar la estructura de la corteza de Europa. A través del estudio de la temperatura del hielo a diferentes profundidades, los investigadores descubrieron una complejidad inesperada en la distribución del calor, lo que indica que la estructura del hielo podría no ser homogénea y que la temperatura podría variar considerablemente bajo la superficie.
Estos datos también revelan que la corteza de hielo está sosteniendo no sólo un océano, sino que potencialmente podría albergar un entorno con zonas de hielo alternadas, lo que abre la posibilidad de la existencia de lagos subterráneos o bolsas de salmuera. Sin embargo, la presencia de discontinuidades y pequeños defectos en la capa de hielo podría limitar el intercambio de nutrientes cruciales para la vida, haciendo que el océano subterráneo esté más desconectado de los elementos necesarios para sustentar vida como la conocemos.
A pesar de estos hallazgos intrigantes, los científicos advierten que la información sobre la corteza de hielo de Europa sigue siendo incompleta. Las observaciones sugieren que, aunque hay sistemas de fracturas en la superficie, estos no son suficientes para permitir un intercambio efectivo entre el océano y la superficie. Además, se sugieren futuras investigaciones a través de misiones como JUICE y Europa Clipper, que podrían ayudar a clarificar la estructura interna del satélite y su potencial habitabilidad.
En conclusión, las nuevas estimaciones sobre el grosor de la corteza de hielo de Europa plantean tanto esperanzas como dudas sobre su capacidad para albergar vida. Mientras que la protección que brinda una corteza gruesa podría ser un escudo para el océano, al mismo tiempo puede representar un obstáculo significativo para el intercambio de materia y energía con la superficie. A medida que la tecnología avanza y se obtienen nuevos datos, Europa continúa siendo un objeto de estudio fascinante, que podría revelar no solo los misterios de nuestro sistema solar, sino también pistas sobre la posibilidad de vida más allá de la Tierra.







