Una caja llena de virus y bacterias ha sido el sorprendente escenario de una fascinante batalla espacial, tras completar su viaje de ida y vuelta a la Estación Espacial Internacional (EEI). Este enfrentamiento, que podría parecer sacado de una novela de ciencia ficción, enfrenta a dos contendientes legendarios en el ámbito microbiológico: las bacterias y sus depredadores naturales, los bacteriófagos. Este conflicto ancestral ha planteado preguntas intrigantes sobre la evolución y adaptación de los microorganismos en condiciones extremas, brindando a los científicos la oportunidad de observar sus interacciones en un entorno único.
Los bacteriófagos, unos virus que infectan bacterias, son considerados depredadores precisos en este escenario. Se adhieren a la superficie de sus presa, inyectan su material genético, y utilizan la maquinaria celular de la bacteria para multiplicarse. Como resultado de esta infección, la bacteria es destruida, liberando nuevas generaciones de fagos. Sin embargo, las bacterias, que miles de millones de años han estado enfrentándose a estos virus, han desarrollado sorprendentes estrategias de defensa. Entre ellas, la alteración de sus receptores de superficie, la producción de enzimas que destruyen el ADN viral y la implementación de un sofisticado sistema llamado CRISPR, que les permite recordar y atacar futuras infecciones.
Tradicionalmente, esta intensa lucha se lleva a cabo en la Tierra, pero el equipo de investigadores de la EEI no se detuvo en sus experimentos. La E. coli, una de las bacterias más estudiadas, continuó su férrea defensa frente a los fagos que la atacaban en la ingravidez del espacio. Lo que sorprendió a los científicos fue que tanto los virus como las bacterias comenzaron a mostrar un comportamiento diferente en este nuevo entorno. La microgravedad jugó un papel crucial en la evolución de ambos rivales, impulsando cambios genéticos significativos que no se podrían haber observado en condiciones terrestres.
Las bacterias tomaron la delantera al adquirir mutaciones en genes relacionados con la respuesta al estrés y la gestión de recursos en la estación espacial. Además, sus proteínas de superficie sufrieron modificaciones, mejorando su defensa contra los fagos. Aunque los virus inicialmente presentaron una respuesta más lenta, finalmente mutaron para adaptar sus mecanismos de ataque a las nuevas condiciones del espacio. Estas mutaciones, que resultaron ser específicas del entorno espacial, tienen implicaciones prometedoras para aplicaciones médicas, lo que sugiere que los fagos podrían ser utilizados de manera más efectiva en el tratamiento de infecciones en el futuro.
Generalmente, cuando se menciona la palabra ‘virus’, se piensa en enfermedades y problemas de salud, pero los bacteriófagos están emergiendo como aliados esenciales en la lucha contra la resistencia microbiana. Desde inicios del siglo XX, antes de que los antibióticos se convirtieran en el estándar de tratamiento, los científicos han investigado el potencial de los fagos como terapia. Este nuevo hallazgo ofrece una valiosa perspectiva para el desarrollo de tratamientos innovadores y eficaces. Con el aprendizaje adquirido durante este primer experimento, los investigadores han comenzado a planear un segundo ensayo, con la esperanza de seguir desentrañando los misterios de la microbiología aplicada en el espacio.






