Un reciente informe de Clapes UC ha puesto de relieve la preocupante relación entre la salud de los trabajadores y la productividad en Chile. Según el estudio realizado por Carmen Cifuentes y el exministro de Salud Jaime Mañalich, los problemas de salud, especialmente en el ámbito de la salud mental y las dolencias musculoesqueléticas, están detrás de la desaceleración del crecimiento en la productividad laboral, que ha pasado de un 3,2% anual entre 1990 y 2013 a solo un 1,1% entre 2014 y 2024. Este cambio significativo plantea la necesidad de repensar el gasto en salud como una inversión crucial, en lugar de verlo meramente como un costo inevitable.
Los autores del estudio destacan una contradicción inquietante: si bien la esperanza de vida ha aumentado, la capacidad funcional de las personas para trabajar se ha visto comprometida por el incremento en enfermedades que afectan su rendimiento. La cifra de licencias médicas emitidas alcanzó niveles alarmantes, con más de ocho millones en 2024, lo que se traduce en un gasto en subsidios que superó los $3,08 billones. Estos datos subrayan la importancia de abordar las causas subyacentes de la baja productividad, en lugar de simplemente atender sus síntomas.
Los trastornos de salud mental, tales como la depresión y la ansiedad, junto con los problemas musculares y óseos, son las condiciones más prevalentes que llevan a los trabajadores a ausentarse del trabajo. Juntas, estas dolencias representan casi la mitad de las licencias médicas en el país y explican el 72,6% de los gastos en subsidios. Sin embargo, los investigadores advierten que estas afecciones no se resuelven fácilmente y que a menudo limitan la capacidad de los trabajadores a largo plazo, lo que resulta en una disminución significativa en la fuerza laboral.
Las estadísticas del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) revelan que aproximadamente 510 mil personas más se encuentran fuera del mercado laboral desde 2010 debido a problemas de salud permanente, una tendencia que afecta especialmente a la población de 35 a 65 años. Además, los trabajadores mayores, quienes son objeto de debate en torno a la posibilidad de trabajar más años, son los que más licencias utilizan, con 143,9 por cada 100 cotizantes. Esta tendencia puede agravar aún más los problemas de productividad en un contexto demográfico donde la población envejece.
Ante esta crisis silenciosa, el estudio sugiere medidas urgentes, como la prevención y el tratamiento oportuno de los problemas de salud mental y musculares, además de proporcionar un retorno gradual al trabajo tras licencias prolongadas. Aunque los autores reconocen que la relación entre salud y productividad está establecida, aclaran que aún se necesitan más investigaciones para determinar la causalidad. Sin embargo, subrayan que, sin una inversión adecuada en salud funcional, el aumento de la presión hacia el retiro tardío podría conllevar a un incremento en el ausentismo y un mayor deterioro de la salud ocupacional.







