El último informe del Termómetro Pyme reveló que durante el mes de agosto el 67% de las pequeñas y medianas empresas (pymes) experimentó una notable caída en sus ventas, un aumento de cinco puntos con respecto a julio, marcando la cifra más alta desde el inicio del estudio en mayo de 2026. Esta tendencia pone de manifiesto la creciente presión que enfrentan estas empresas en un contexto económico complicado, donde los ingresos se ven severamente afectados y las proyecciones de recuperación se vuelven inciertas. El sondeo, realizado por PROPYME, recopiló 2.838 respuestas válidas, reflejando así la realidad de un sector vital para la economía local.
La preocupación por la sostenibilidad financiera se hace evidente, ya que el 74% de las pymes ha tenido que recurrir a sus propios recursos para mantener sus operaciones. Este indicador ha aumentado seis puntos en solo un mes, lo que subraya que muchas empresas están utilizando sus ahorros personales como un parche temporal ante la falta de liquidez. Ricardo Ibáñez, abogado y fundador de DefensaDeudores.cl, enfatiza que este comportamiento no es una estrategia de crecimiento, sino más bien una cuestión de supervivencia. La realidad es que este agotamiento del colchón financiero podría llevar a una crisis más profunda si no se toman medidas urgentes.
El estudio también destacó un cambio en los plazos de pagos que enfrentan las pymes. Un 56% de las empresas indicó que recibe pagos a 30 días, mientras que un 18% lo hace a 45 días, revelando una condición más complicada en la gestión del flujo de caja. Además, el 35% de las empresas afirmaron que estos plazos se han extendido en el último año, lo que aumenta la presión sobre su liquidez. En este marco, el 33% de las empresas mencionaron que han postergado el pago del IVA, demostrando que la situación financiera es crítica y que las pymes están priorizando sus recursos en medio de la adversidad.
Frente al aumento del salario mínimo, un 28% de las empresas anticipó que asumiría el ajuste a sus márgenes de ganancia, lo que podría derivar en menores beneficios a largo plazo. Por otro lado, un 25% asegura que trasladará el incremento a los precios, aumentando así la carga sobre los consumidores finales. Además, el 13% de las empresas está considerando congelar nuevas contrataciones y un 9% incluso evalúa la posibilidad de despedir trabajadores. La falta de perspectivas positivas en el futuro fuerza a las pymes a tomar decisiones difíciles que pueden afectar su operación y su capital humano.
Ibáñez advirtió que cuando el colchón financiero se agota, los costos comienzan a trasladarse al consumidor. Con uno de cada cuatro negocios ya viendo la necesidad de aumentar precios para enfrentar la presión de costos derivada del alza del salario mínimo, esto se convierte en una preocupación inflacionaria que afecta a toda la economía. La creciente tensión entre la rentabilidad de las pymes y la necesidad de equilibrar gastos y precios se suma a un contexto ya frágil, subrayando la urgencia de políticas que apoyen a este sector crucial para la economía.







