La jornada de ayer en el Claro Arena se vivió con un ambiente agridulce, donde la Universidad Católica celebró un año de la inauguración de su moderno estadio, pero sufrió una dura derrota ante Ñublense por 2-1. La caída se tornó aún más crítica tras la expulsión de Fernando Zuqui en el minuto 8, dejando al equipo local con diez hombres casi desde el inicio del partido. La hinchada, que parecía dispuesta a celebrar, pronto viró su atención hacia la dirigencia, expresando su descontento con cánticos que cuestionaban la gestión directiva, reflejando la frustración colectiva tras la eliminación de la Copa Libertadores y el no refuerzo del plantel en un momento crítico.
A lo largo del primer tiempo, la UC mostró destellos de su potencial, pero la falta de contundencia ofensiva fue evidente. Los intentos esporádicos de generar peligro, como el remate desviado de Zampedri, contrastaron con un Ñublense que dominó la posesión pero careció de profundidad. A pesar de jugar con un hombre menos, los cruzados mantuvieron una disposición táctica defensiva, con un 4-4-1 que buscaba contener las arremetidas del rival mientras esperaban la oportunidad de contragolpear.
Sin embargo, la situación se complicó aún más con el primer gol de Ñublense, anotado por Esteban Calderón en el minuto 48, evidenciando la falta de organización defensiva tras el centro de Molina. Este tanto llevó a la UC a una búsqueda desesperada por igualar en un marco donde la confianza estaba bajo mínimos. La reacción vendría más tarde, cuando Palavecino, tras una jugada habilidosa, logró forzar un penal que Zampedri transformó en un gol con una ejecución de Panenka en el minuto 74, dando algo de esperanza a los aficionados.
El partido, que parecía que podía inclinarse a favor de la UC, terminó tomando un giro inesperado en el ocaso del encuentro. En una jugada desafortunada para los cruzados, Ignacio Jeraldino consiguió anotar el segundo gol para Ñublense en el minuto 88, aprovechando un tiro libre que dejó a los locales sin respuestas. Esta anotación fue el golpe final, dejando a los hinchas desolados y cerrando una semana calamitosa para el equipo, haciendo eco de la frustración que vive la hinchada católica.
Con esta derrota, la Universidad Católica se enfrenta a una etapa crucial del torneo, marcada por la duda y la incertidumbre. Las críticas hacia la dirección del club resurgen con fuerza, mientras queda claro que el equipo necesita ajustes significativos para recomponer la confianza y el rendimiento dentro del terreno de juego. Con la mente puesta en los desafíos futuros, los cruzados deberán encontrar la forma de revertir esta racha negativa si aspiran a un final de temporada que les devuelva las sonrisas a sus seguidores.







