La Región de O’Higgins, conocida por su rica herencia minera y agrícola, enfrenta un desafío significativo: la migración de su juventud hacia la capital, Santiago. Según una reciente encuesta de Cadem, los habitantes de esta región se sienten orgullosos de su legado, que incluye la icónica mina El Teniente, la producción de vinos y la famosa torta Pompadour. Sin embargo, este orgullo se ve empañado por la realidad de que muchos jóvenes se ven obligados a abandonar sus hogares en busca de mejores oportunidades educativas y laborales. Este éxodo genera un dolor palpable entre los residentes que desean que sus hijos permanezcan en su tierra natal, disfrutando de su tranquilidad y cualidad de vida.
El estudio revela un panorama diverso en las tres provincias de O’Higgins. En Cachapoal, donde se encuentra la capital regional, El Teniente es identificado por un 44% de los encuestados como el símbolo más representativo de su identidad regional. En contraste, los habitantes de Colchagua, famosos por sus viñedos, eligen el vino como su elemento más identitario (52%). Mientras tanto, en Cardenal Caro, la tranquilidad de las playas y el ambiente surfero predominan entre las preferencias de los locales, reflejando la variedad cultural y natural que ofrece la región. Estos resultados resaltan la necesidad de reconocer y valorar cada uno de los atributos que forman la identidad de O’Higgins.
A pesar de la belleza natural y la riqueza cultural, los residentes de O’Higgins advierten que la centralización de la toma de decisiones en Santiago afecta directamente las oportunidades de desarrollo local. Un 61% de los encuestados considera problemática esta concentración de poder, que perpetúa un ciclo de desventaja para los jóvenes que buscan empleo. La percepción de que las decisiones tomadas en la capital no reflejan la realidad de la región, sumado a la escasez de ofertas laborales adecuadas, crea un sentimiento de impotencia. Este contexto genera un dilema para los padres, quienes sienten que la mejor opción para sus hijos es migrar a Santiago, a pesar de su deseo de que permanezcan en la región.
La encuesta también capturó la esencia de la vida cotidiana en O’Higgins. Un 38% de los encuestados mencionó la «tranquilidad» como uno de los aspectos que más valoran de vivir en la región. Sin embargo, las preocupaciones sobre la oferta cultural y educativa son significativas, con un 31% evaluando estos aspectos como deficientes. Los habitantes están divididos entre el orgullo de su entorno natural y las limitaciones que sienten en términos de desarrollo profesional. Este tira y afloja entre el deseo de permanecer en su hogar y la necesidad de buscar mejores oportunidades en la capital refleja una problemática que podría requerir atención y medidas específicas para promover el crecimiento en la región.
A pesar de los desafíos, los ciudadanos de O’Higgins siguen mostrando un fuerte sentido de pertenencia y un deseo de progreso. El 85% de los encuestados califica el paisaje y el entorno natural de la región como bueno o muy bueno. Además, hay un reconocimiento implícito de la necesidad de desarrollar un ambiente más inclusivo que ofrezca a los jóvenes razones para quedarse. Para lograr esto, es esencial fomentar políticas que no solo mantengan su herencia agrícola y cultural, sino que también ofrezcan oportunidades laborales y educativas para que las futuras generaciones puedan prosperar sin tener que abandonar su hogar. La realidad es clara: O’Higgins ya no quiere ser simplemente el patio trasero de Santiago.







