La reciente caída en la producción de cobre ha generado preocupación en el sector industrial, marcando uno de los peores registros en más de dos décadas. Según las estadísticas del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), la producción minera retrocedió un 8,7% en el último año, acumulando su tercera baja consecutiva. Este dato contrasta con un ligero crecimiento del 2,0% en la industria manufacturera, que logró romper una racha negativa de ocho meses. La inminente divulgación del Indicador Mensual de Actividad Económica (Imacec) parece no ofrecer esperanzas de mejora a corto plazo, ya que las expectativas se centran en el impacto negativo que la minería seguirá causando en la economía.
La caída sostenida del Índice de Producción Minera (IPMin) se ha vuelto alarmante, especialmente por la dramática disminución en la extracción y procesamiento de cobre. En agosto, este sector ya había reportado una baja del 11,7%, y el último informe del INE destaca que la reducción del 8,7% en septiembre se atribuye, en parte, a problemas operativos en empresas clave y a una menor ley de mineral. Este fenómeno no solo afecta las cifras de producción, sino que también tiene repercusiones en el empleo y la inversión en el sector minero, lo que plantea un escenario incierto para miles de trabajadores y sus familias.
En el contexto de un año marcado por la contracción, la producción de cobre alcanzó en septiembre las 387.870 toneladas métricas de fino, la cifra más baja registrada para ese mes desde el inicio de los registros del INE en 2018. Este retroceso se ha dado en medio de una serie de dificultades operativas y una disminución de la calidad del mineral procesado. A medida que la producción acumulada entre enero y septiembre se posiciona un 8,6% por debajo de los niveles del año anterior, se evidencia un deterioro en la principal fuente de ingresos del país, lo que podría obligar a repensar las estrategias del sector minero chileno.
A pesar de la caída en la producción minera, la industria manufacturera muestra una señal positiva, con un crecimiento del 2,0% en comparación al periodo anterior. Este aumento se atribuye principalmente al incremento en la producción de bebidas, que ha beneficiado a los productores locales debido a un repunte en la demanda internacional. Sin embargo, no todos los sectores han tenido un desempeño similar; la fabricación de productos elaborados de metal ha sufrido un retroceso significativo, lo que demuestra que el crecimiento industrial no es homogéneo y está vinculado a factores exógenos como la demanda y las inversiones.
Finalmente, la producción de electricidad, gas y agua también presentó resultados mixtos, con un aumento en la generación eléctrica gracias a las fuentes hidráulicas, mientras que la regasificación de gas natural licuado experimentó un descenso. Estos resultados sugieren que, si bien hay sectores que se están recuperando, la minería sigue siendo el talón de Aquiles de la economía nacional, puesto que sus problemas estructurales continúan afectando no solo al ámbito industrial, sino también al desarrollo económico general del país.







