La abrupta salida de Natalia Duco y Andrés Otero del Ministerio del Deporte ha marcado un nuevo giro en el gobierno de José Antonio Kast. Después de un breve período de apenas cinco meses al mando de la cartera, la ex ministra se vio envuelta en una controversia relacionada con el uso indebido de un auto fiscal. Esta situación se tornó más compleja tras la difusión de un video que mostraba a Duco en una reunión social, lo que contradijo su versión a la Contraloría, desatando un descontento generalizado y la consiguiente renuncia de ambos funcionarios.
El escándalo comenzó cuando El Deportivo reveló que Natalia Duco había sostenido un encuentro en un asado donde compartió con otros miembros de su gabinete, en lugar de asistir a una reunión de trabajo como había alegado. En su defensa, el subsecretario Andrés Otero había emitido un documento dirigido a la Contraloría en el que enfatizaba que el uso del vehículo estatal estaba justificado. Sin embargo, la aparición del video puso en tela de juicio la veracidad de esta afirmación, provocando un rápida respuesta por parte del Presidente.
La situación se tornó insostenible para Duco y Otero después de la presentación del material visual ante la opinión pública. A pesar de que el comunicado oficial justificaba la actividad como parte de su gestión, los registros de la bitácora del auto estatal indicaron movimientos inconsistentes con la narrativa presentada. Las revelaciones sobre la naturaleza del evento no solo cuestionaron su ética, sino que también evidenciaron fallas en la supervisión y la gestión del equipo en el Ministerio del Deporte.
Esta no es la primera vez que la administración de Kast enfrenta turbulencias en su gabinete, ya que la salida de Duco y Otero se suma a una serie de cambios que han buscado fortalecer la imagen del gobierno. En los últimos meses, otros ministros y subsecretarios han sido removidos por diversas razones, lo que ha generado un clima de inestabilidad dentro del equipo gubernamental. Estos cambios reflejan un intento del Presidente por remodelar su círculo cercano ante los retos y críticas recibidas.
Finalmente, la decisión de aceptar la renuncia de Duco y Otero se hizo pública en la noche del mismo día de las revelaciones, mostrando una rápida respuesta del gobierno a la crisis. La forma en que se ha manejado la situación pone de relieve la importancia de la transparencia y la rendición de cuentas en el uso de recursos públicos. La salida de ambos funcionarios también envía un mensaje claro de que los actos de dudosa ética no serán tolerados en la administración de José Antonio Kast, quien, a su vez, busca mantener la confianza pública en su liderazgo.







