El mercado laboral ha mostrado un leve rayo de esperanza con el reciente informe del Centro de Investigación Empresa y Sociedad de la Universidad del Desarrollo y la Asociación de AFP, que revela que el empleo entre personas de 50 a 65 años creció en más de 75 mil puestos durante el último año. Esta cifra representa un aumento del 3,3% en el número de ocupados dentro de este grupo etario y refleja un cambio positivo en las tendencias laborales para esta población. Sin embargo, aunque el crecimiento es notable, la naturaleza del empleo generado suscita preocupaciones sobre su sostenibilidad y el impacto en el ahorro para la jubilación de estas personas.
Del total de nuevos puestos creados, cerca del 70% corresponde a jornadas parciales, lo que plantea interrogantes sobre la calidad de empleo disponible. Roberto Fuentes, gerente de Estudios de la Asociación de AFP, destacó que «si 2 de 3 nuevos empleos en este grupo son de jornada parcial, se está reduciendo la base sobre la que se realizan las cotizaciones, lo que reduce el ahorro previsional, una preocupación significativa para quienes están próximos a jubilación». Este aspecto subraya la necesidad de mejorar las condiciones laborales para garantizar no solo más empleos, sino también empleo de calidad.
Además, el informe destaca que el avance en el empleo formal ha sido positivo, explicando aproximadamente el 40% de los nuevos puestos, en comparación con el 32% del periodo anterior. Este cambio es relevante, ya que el empleo formal suele ofrecer mejores condiciones laborales y mayor protección social para los trabajadores. Sin embargo, aún persisten desafíos significativos, ya que el empleo parcial sigue predominando, lo que podría comprometer la estabilidad económica de quienes se encuentran en esta franja etaria.
Por otra parte, a pesar del crecimiento del empleo entre las personas de 50 a 65 años, la recuperación total respecto a las tasas de ocupación previas a la pandemia aún no se ha logrado. Actualmente, faltan aproximadamente 24 mil puestos para alcanzar los niveles de ocupación de antes de la crisis sanitaria. Este déficit se concentra principalmente en dos grupos de edad, donde las personas de 50 a 59 años presentan una falta de casi 15 mil puestos, mientras que aquellos de 60 a 65 años muestran una brecha superior a los 9 mil empleos.
En conclusión, si bien el incremento de 75 mil nuevos puestos de trabajo en el segmento de 50 a 65 años es una noticia alentadora, es crucial abordar las cuestiones de calidad y estabilidad laboral. La predominancia del empleo parcial y la falta de recuperación respecto a la ocupación prepandemia son temas que no deben ser ignorados. A medida que la economía sigue ajustándose y evolucionando, será fundamental continuar trabajando hacia un mercado que no solo genere más empleo, sino que también garantice empleos que contribuyan a la seguridad financiera y bienestar de los trabajadores mayores.







