Marcela, una madre chilena de 47 años, ha enfrentado numerosos desafíos en su vida. Tras la llegada de sus dos hijos, su situación laboral se complicó. A pesar de que al comienzo tanto ella como su esposo tenían ingresos similares, la necesidad de cuidar de sus hijos, especialmente uno de ellos que tuvo problemas escolares, llevó a Marcela a tomar decisiones difíciles. La carga de coordinar especialistas y el transporte para sus hijos se hizo abrumadora, lo que la llevó a reducir su jornada laboral y eventualmente a renunciar a su empleo formal. Una resolución rápida, pero que marcó el inicio de una nueva época en su vida familiar y laboral.
Hoy, años después de haber dejado el trabajo, Marcela se encuentra en la búsqueda de empleo nuevamente. Sin embargo, a pesar de haber preparado su currículum y postular casi a diario, su esfuerzo no ha dado frutos. Lamentablemente, Marcela no está sola en su lucha. La situación de desempleo femenino en Chile es alarmante, con una tasa que supera el 10% y una creciente brecha en la ocupación informal que afecta principalmente a las mujeres. Estos datos son un reflejo de una realidad que se ha acentuado, manifestando la dificultad de las mujeres para acceder y mantenerse en el mercado laboral formal.
La problemática va más allá de la simple falta de oportunidades. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), muchas mujeres que se encuentran desempleadas han trabajado previamente, pero son víctimas de un sistema que no facilita su reintegración laboral. Más de un millón de mujeres no busca empleo porque se dedican al cuidado de otros, y una de cada cuatro que renuncian lo hace por motivos de cuidado, en comparación con una de cada treinta hombres. La carga desproporcionada que recae sobre las mujeres en términos de crianza y responsabilidades familiares es innegable, y esta realidad se traduce en cifras que evidencian una iniquidad persistente.
Expertos en el tema, como los de la Universidad Adolfo Ibáñez, han señalado la necesidad urgente de implementar estrategias eficaces para abordar el desempleo femenino, que no solo se limiten a promover la reactivación económica. Es imprescindible que se articule una combinación de políticas de empleo y de cuidados que permita a las mujeres no solo acceder a puestos de trabajo de calidad, sino también mantenerlos a largo plazo. La brecha entre hombres y mujeres en el ámbito laboral no debe ser ignorada; es un reflejo de un sistema que debe evolucionar para permitir el desarrollo pleno de todas las personas, independientemente de su género.
Marcela es un símbolo de muchas mujeres que enfrentan las mismas dificultades en Chile. Su renuncia y la búsqueda de nuevas oportunidades laborales son un microcosmos de una realidad más grande que requiere atención y acción. La urgencia de revertir esta situación no solo afecta los derechos de las mujeres, sino que también representa un desperdicio del potencial humano que podría contribuir al desarrollo del país. Es hora de que las políticas públicas hagan cuentas y creen un entorno donde mujeres como Marcela puedan prosperar en el ámbito laboral y tener una vida digna y plena.







