El debate sobre cuál es la primera novela de ciencia ficción de la historia parece estar destinado a perdurar en el tiempo, ya que los criterios para clasificar una obra dentro de este género son tan diversos como las inclinaciones personales de quienes lo discuten. Sin embargo, es indudable que la obra *Somnium sive Astronomia lunaris Joannis Kepleri*, escrita por Johannes Kepler y publicada póstumamente en 1634, marcó un hito en la narrativa científica. Es un relato cuya origen se remonta en realidad a 1593, cuando Kepler, aún estudiante de Teología, comenzó a formular sus ideas sobre la observación celeste y la naturaleza del universo, planteando cuestiones que desafiaban el pensamiento de su época y anticipando el surgimiento de la ciencia ficción tal como la conocemos hoy.
Durante el periodo en que Kepler desarrolló sus ideas, la cosmología predominante estaba más influenciada por la teología y la filosofía que por la observación científica. Con la publicación de *De revolutionibus orbium coelestium* de Copérnico en 1543, se introdujo el modelo heliocéntrico, en el cual el Sol ocupaba el centro del cosmos, desestabilizando el viejo paradigma ptolemaico. A pesar de las importantes implicaciones de este modelo, la aceptación del heliocentrismo no fue inmediata y generó intensos debates entre los astrónomos, ya que desafiaba no solo las observaciones visibles de los cuerpos celestes sino también la percepción cotidiana de la realidad.
La curiosidad analítica de Kepler lo llevó a preguntarse cómo experimentaría un observador ubicado en la Luna los fenómenos celestes. Este ejercicio mental, que surge en su juventud, fue precursora de su obra futura. Aislado por su contexto académico, su interés por el heliocentrismo fue alentado por su mentor Michael Maestlin, quien defendía las posturas de Copérnico. En ese contexto, la obra que resultó en *Somnium* se nutre de una profunda reflexión sobre el movimiento y la percepción del universo, cuestionando las bases de la física aristotélica y el modelo geocéntrico que tanto había dominado el pensamiento occidental.
El *Somnium* no solo se limitó a ser un relato fantástico; representa una transición hacia la inclusión de la observación y la ciencia en la literatura, desdibujando las líneas entre el conocimiento empírico y la narración imaginativa. A diferencia de sus predecesores que habían explorado la Luna como un espacio de sátira o fantasía, Kepler integró elementos científicos en su narrativa, utilizando su protagonista, Duracoto, para comunicar sus descubrimientos sobre las leyes del movimiento planetario y la naturaleza de la astronomía lunar, lo que le confiere un carácter innovador y científico.
Aunque la obra de Kepler no fue la primera en imaginar un viaje a la Luna, su enfoque innovador y el uso de la ciencia como base para la narrativa la posicionan como un precursor de la ciencia ficción. El *Somnium* plantea preguntas fundamentales sobre la percepción y la realidad, llevando al lector a reflexionar sobre cómo el punto de observación puede alterar la comprensión de los fenómenos celestiales. Así, aunque Johannes Kepler no inventó la ciencia ficción, su obra sentó las bases para que este género floreciera en un contexto donde el conocimiento científico y la creación literaria comenzaban a converger de manera más intensa.




